Quien soy

Mi primer viaje a Chile en 1993 me hizo conocer una nueva cultura, una forma diferente de aprehender la vida a través de una nueva forma de relación más humana y verdadera.
Me quedé allí durante 3 meses, el tiempo para descubrir esta parte de misticismo y humanidad que estaba escondida en lo más profundo de mí.

Cuando volví a Francia, obtuve un diploma de puericultora, pero seguí buscándome a mí misma.
En este camino, conocí a varios profesionales del masaje. El contacto con el otro a través del tacto me pareció muy rápidamente una evidencia.

También aprendí a esculpir con arcilla. El placer de meter las manos en la arcilla y modelar formas dio lugar a otra pasión.

Para combinar el ser humano con el tacto, tuve que encontrar un soporte, una técnica adecuada para practicar lo que realmente quería transmitir; a través del tacto, pero también del diálogo, el intercambio y el respeto por los demás.

Así que volví a Chile doce años después; el tiempo de un ciclo, para aprender masaje de espalda, Reïki y reflexología podal.
Allí descubrí esta capacidad de sentir al otro, pero también de confiar en mi intuición.

También conocí la técnica del masaje ayurvédico en el Centro Yogsansara de París, de la mano de Rajeev Pant, originario del norte de la India.

El magnetismo llegó mucho más tarde. Tras un accidente, mientras cruzaba el peron de la puerta para salir del hospital, mis manos empezaron a calentarse con fuerza.
Un magnetizador me ha confirmado esta posibilidad de aliviar y de paliar los males del pueblo. Efectivamente, lo he comprobado después.

En esta práctica necesito estar en un estado profundo de meditación para utilizar todo el espacio interior para encontrar el lugar adecuado entre el otro y yo.

Aprendo cada día y la persona a la que trato es también un actor de lo que ocurre en la sesión.